La pregunta no era si Ucrania iba a conseguir liberar la ciudad de Jersón y el territorio ocupado al oeste del río Dnipro, la pregunta era cuándo iba a suceder. En las últimas horas, la peor pesadilla de Rusia puede hacerse real: las tropas de la Z abandonan posiciones defensivas en el frente y comienzan su evacuación al otro lado del río. Son 4.600 kilómetros cuadrados en total. En los últimos días, varios dirigentes ucranianos prometían buenas noticias. Pueden ser estas: el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, ha ordenado el repliegue. «Los asentamientos no pueden ser abastecidos ni funcionar por completo, la vida de las personas allí está constantemente en peligro», aseguró lacónico leyendo el parte de guerra. Rusia ya ha fracasado en su «Operación Militar Especial». Ahora sólo cabe medir el peso de ese descalabro. ¿Puede ser la enésima treta de Rusia? Puede ser, pero ese engaño no va a mejorar la posición rusa más allá del río.
Resulta extraño que la retirada se anuncie antes de haberse producido, al menos, en su totalidad. ¿Qué incentivo van a encontrar los militares rusos que tengan que sostener líneas mientras embarcan sus compañeros? Es curioso que Putin, que lleva toda la guerra tomando las decisiones militares, cargue siempre la responsabilidad en sus generales para dar las malas noticias, convirtiéndolos en los chivos expiatorios. Pero el descrédito para toda la élite moscovita es imparable.
Surovikin, el nuevo comandante ruso, aseguró que se trata de una acción «defensiva». No miente. La posición rusa al oeste del río Dnipro, con o sin retirada, es precaria. Sin puentes para vehículos pesados, con pontones bajo el fuego y con la logística comprometida, mantener una guarnición de miles de militares desplegados y hostigados por otro ejército más motivado es insostenible a la larga. Tal vez esta órden de retirada sea lo más sensato que Rusia haya hecho en esta invasión.
Si Rusia consigue realizar una retirada ordenada al otro lado del río Dnipro, puede que logre contener las bajas y reservar casi todo su guarnición para otros frentes también en peligro. En cambio, si se produce una huida de posiciones fuera de control, esta maniobra puede resultar aún más terrible que la ofensiva de Jarkov para el ejército ruso, donde huyó en desbandada abandonando cientos de blindados. De momento, las tropas ucranianas avanzan con cautela atravesando las que hasta ayer eran las líneas de defensa rusas. Los ocupantes, en su huida, han volado los puentes y han dinamitado las centrales eléctricas, las antenas de comunicación y las vías ferroviarias. Kalinivskyi, Snigirevka o Mylove han pasado a manos ucranianas casi sin lucha.
El que llegó a considerarse como el segundo ejército más poderoso del mundo está a punto de sufrir el enésimo revés en la invasión de Ucrania, que se une al hundimiento del barco insignia Moskva, la pérdida en la isla de las serpientes, el ataque al puente de Kers y la derrota en torno a Kiev. Jersón fue la única capital de provincia capturada por Rusia. Ahora es cuestión de horas o días que la bandera ucraniana vuelva a verse sobre sus edificios oficiales, un golpe muy duro para Putin, que incluyo llegó a anexionar ilegalmente la región a Rusia. En Moscú, los radicales afilan ya sus cuchillos contra Shougu, Gerasimov (jefe del Estado mayor) y posiblemente contra el propio Vladimir Putin. En el aquelarre nocturno de Vladimir Soloviov, el presentador estrella de la televisión nacional rusa ya hay analistas que se atreven a criticar con dureza la estrategia del Kremlin.
(El Mundo)


